Las Trampas del Enemigo II
 

Mientras el pueblo de Dios se acerca a los peligros de los últimos días, Satanás sostiene diligentes consultas con sus ángeles acerca del plan más eficaz para destruir su fe. Él ve que las iglesias populares ya están dormidas, arrulladas por su poder engañador. Mediante sus agradables sofismas y sus milagros mentirosos puede continuar teniéndolas bajo su dominio. Por lo tanto, dirige a sus ángeles para que coloquen las trampas especialmente destinadas a los que esperan la segunda venida de Cristo y se esfuerzan por guardar todos los mandamientos de Dios.
            Dice el gran engañador: “Debemos vigilar a los que están llamando la atención de la gente al Sábado de Jehová. Inducirán a muchos a comprender los requerimientos de la ley de Dios. Y la misma luz que revela el verdadero día de reposo, revela también el ministerio de Cristo en el santuario celestial y pone de manifiesto que la última obra en favor de la salvación del hombre se está realizando ahora mismo. Mantened la mente de la gente en tinieblas hasta que esa obra haya terminado, y nos aseguremos el mundo y la iglesia también.
            El día de reposo es el gran asunto que ha de decidir el destino de las almas. Debemos exaltar el día de descanso que nosotros hemos creado. Hemos logrado que lo acepten tanto los mundanos como los miembros de la iglesia. Ahora hay que inducir a la iglesia a unirse al mundo para apoyarlo. Debemos trabajar por medio de señales y maravillas para cegar sus ojos a la verdad e inducirlos a dejar a un lado la razón y el temor de Dios y a seguir la costumbre y la tradición.
            Yo voy a influir sobre los ministros de las iglesias populares para que desvíen la atención de sus oyentes de los mandamientos de Dios. Lo que las Escrituras afirman que es la perfecta ley de libertad, debe ser presentado como un yugo de servidumbre. La gente acepta las explicaciones de las Escrituras de parte de sus pastores, y no investiga por sí misma. Por lo tanto, al actuar por medio de los ministros, puedo dominar a la gente de acuerdo con mi voluntad.
            Pero nuestra principal preocupación consiste en silenciar a esa secta guardadora del Sábado. Debemos suscitar la indignación popular contra ella. Llamaremos a nuestro lado a hombres grandes y sabios, según el mundo, e induciremos a las autoridades a cumplir nuestros propósitos. Entonces el día de descanso que yo he creado será puesto en vigor mediante las leyes más severas y exigentes. Los que no hagan caso de ellas serán expulsados de las ciudades y aldeas y se les hará pasar hambre y privaciones. Cuando dispongamos del poder, mostraremos lo que podemos hacer con los que no quieran abandonar su lealtad a Dios. Indujimos a la Iglesia Romana a castigar con la prisión, la tortura y la muerte a los que se negaron a someterse a sus decretos; y ahora que estamos poniendo a las iglesias protestantes y al mundo en armonía con este brazo derecho de nuestro poder, dispondremos finalmente de una ley para exterminar a todos los que no se sujeten a su autoridad. Cuando la pena de muerte sea el castigo que se aplique por la violación de nuestro día de reposo, se pasarán a nuestro lado muchos de los que ahora se encuentran en las filas de los observadores de los mandamientos.
            Pero antes de recurrir a esas medidas extremas, debemos ejercer toda nuestra sabiduría y sutileza para engañar y entrampar a los que honran el verdadero día de reposo. Podemos separar a muchos de Cristo por medio de la mundanalidad, la concupiscencia y el orgullo. Se considerarán seguros porque creen la verdad, pero la complacencia del apetito o de las bajas pasiones, que confunde el juicio y anula la capacidad de discernir, los hará caer.
            Id, inducid a los poseedores de tierras y dinero a que se embriaguen con los cuidados de esta vida. Presentadles el mundo en su aspecto más atractivo para que depositen aquí su tesoro y pongan sus afectos en las cosas terrenales. Debemos hacer todo lo posible para impedir que los que trabajan en la causa de Dios tengan medios que puedan usar contra nosotros. Mantened el dinero en nuestras propias filas. Mientras más medios obtengan, más daño causarán a nuestro reino arrebatándonos nuestros súbditos. Haced que se preocupen más por el dinero que por la edificación del reino de Cristo y la difusión de las verdades que nosotros odiamos, y no necesitaremos temer su influencia; porque sabemos que toda persona egoísta y codiciosa caerá bajo nuestro poder, y finalmente será separada del pueblo de Dios.
            Por medio de los que tienen apariencia de piedad pero no conocen la eficacia de ella, podemos ganar a muchos que de otra manera nos harían bastante daño. Los que aman los deleites más que a Dios serán nuestros colaboradores más eficaces. Los que pertenecen a esta clase de gente, si son capaces e inteligentes, servirán de cebo para atraer a otros a nuestras trampas. Muchos no tendrán temor de su influencia puesto que profesan la misma fe. De esta manera los induciremos a creer que los requerimientos de Cristo son menos estrictos de lo que una vez creyeron, y que asemejándose al mundo podrán ejercer más influencia sobre los mundanos. Así se separarán de Cristo; entonces no tendrán fuerza para resistir nuestro poder, y antes de mucho estarán dispuestos a ridiculizar el celo y la devoción que tenían antes.
            Hasta que demos el golpe decisivo, deben ser incansables nuestros esfuerzos contra los observadores de los mandamientos. Debemos estar presentes en todas sus reuniones. Nuestra causa sufrirá bastante, especialmente en sus grandes reuniones, y debemos ejercer mucha vigilancia y emplear todas nuestras artes seductoras para impedir que las almas escuchen la verdad y sean impresionadas por ella.
            Tendré en el terreno, como agentes míos, a hombres que sostengan falsas doctrinas mezcladas con suficiente cantidad de verdad como para engañar a las almas. También tendré incrédulos presentes, que manifestarán dudas con respecto a los mensajes de amonestación que envía el Señor a su iglesia. Si la gente leyera y creyera esas palabras de advertencia, tendríamos poca esperanza de vencerla. Pero si podemos apartar su atención de esas admoniciones, seguirán ignorantes de nuestro poder y astucia, y por fin los retendremos en nuestras filas. Dios no permitirá que se desprecien impunemente sus palabras. Si podemos mantener las almas engañadas por cierto tiempo, la misericordia de Dios se apartará de ellas, y él nos las entregará para que las dominemos completamente.
              Debemos producir distracción y causar división. Debemos destruir su preocupación por la salvación de sus propias almas, e inducirlos a criticar, a juzgar, y a acusarse y condenarse mutuamente, a albergar egoísmo y enemistad. Por esos pecados Dios nos arrojó de su presencia; y todos los que sigan nuestro ejemplo tendrán una suerte similar.
 Que el Cielo nos Guíe.-
             La profecía debe cumplirse. El Señor dice: “He aquí, yo os envío al profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible”. Alguien debe venir con el espíritu y el poder de Elías, y cuando aparezca, los hombres posiblemente dirán: “Eres demasiado piadoso, no interpretas las Escrituras de la debida manera. Déjame decirte cómo tienes que predicar tu mensaje”.
            Hay muchos que no pueden percibir la diferencia que hay entre la obra de Dios y la del hombre. Presentaré la verdad tal como Dios me la da, y os digo ahora: Si continuáis buscando faltas y alimentando un espíritu de discordia, nunca conoceréis la verdad. Jesús dijo a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar”. No estaban en condiciones de apreciar las cosas sagradas y eternas; pero Jesús prometió enviarles el Consolador, que les enseñaría todo lo que él les había dicho.
            Hermanos, no debemos depender de los hombres. “Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?” No nos conviene beber de la fuente del valle cuando hay otra en la montaña. Dejemos las corrientes bajas. Vayamos a las de la verdad que no podéis entender, con el que no concordáis, investigad, comparad un versículo con otro, ahondad el pozo de la verdad en la mina de la Palabra de Dios. Debéis ofreceros vosotros mismos y vuestras opiniones sobre el altar de Dios, abandonar vuestras ideas preconcebidas y permitir que el Espíritu del cielo os guíe a toda verdad.
Testimonios para Ministros: 472-476

Un Engaño Terrible.-
             ¿Qué engaño mayor puede confundir la mente humana que aquel en virtud del cual los individuos se jactan de que tienen la verdad, que se hallan afirmados sobre el único fundamento seguro y que Dios acepta sus obras porque están activamente empeñados en algún trabajo en la causa de Dios, cuando en realidad están pecando contra él, pues andan en forma contraria a la voluntad expresa de Dios? Trabajan mecánicamente, como máquinas, pero les falta la preparación del corazón, la santificación del carácter. Las cosas sagradas y santas son rebajadas al nivel de las cosas comunes, y una religiosidad barata está apoderándose de nuestras iglesias. El servicio está degenerando en poco más que una forma.
            La norma debe ser elevada. La obra debe tener un molde más alto. Debe haber un abandono de las costumbres y los procedimientos del mundo, una separación. Tanto los pastores como el pueblo deben ascender a una plataforma más alta. Debe incorporarse mucho más de Jesús y su mansedumbre, su benignidad, su humildad, su abnegación, su pureza, su verdadera bondad y nobleza de carácter, en la experiencia y el carácter de todo aquel que pretende estar desempeñando alguna parte en la sagrada obra de Dios.
            Sea la Palabra de Dios la guía y la regla de la vida. Sea obedecida esa Palabra, que expresa los mandamientos que él ha revelado. Dios ordena que cada uno contribuya con todas sus facultades como un ser responsable, para hacer su voluntad claramente especificada. Si hacéis esto, se echará de ver. El luchar contra los defectos inherentes de vuestro carácter, que se oponen a vuestro progreso espiritual, es una prueba de que estáis haciendo la parte de la obra que os corresponde.
            Que nadie diga que está dominado por sentimientos y afectos indebidos, por el amor ilícito, y que no puede deshacerse de ellos. Esto es un engaño. Acariciáis el mal; lo fortalecéis. Lo amáis más que a la verdad, la pureza, la justicia. No os aferráis a la ayuda divina, desasiéndoos de las amistades dañinas y peligrosas. Os entregáis dócilmente a un mal proceder, como si no fuerais moralmente libres. Estudiad con oración la Palabra de Dios, cumplid sus demandas con firmeza y resolución, como lo hicieron José y Daniel. Echad mano de la ayuda que Dios os ha prometido.

 

   
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