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Fidelizar a travez de las emociones
Recientemente cayó en mis manos un artículo de PuroMarketing sobre fidelización de grandes marcas, que me ha hecho reflexionar en nuestras estrategias evangelísticas y en las que Jesús utilizó.

Hoy todos conocemos lo que son "marcas blancas", es decir, productos con la propia marca de una gran cadena de distribución o grandes almacenes. Esto ha surgido debido a la competencia de las grandes superficies con el pequeño comercio. Muchas marcas han intentado insertar sus productos entre la oferta de las grandes superficies. Éstas, sabedoras de su ventaja en el mercado, aceptaba la distribución y venta con la condición de que el fabricante "X" produjera el mismo producto, con algo menos de calidad, bajo la marca propia de la distribuidora. Si no se aceptaba esto, el producto corría el riesgo de no encontrarse entre las estanterías de nuestro hipermercado favorito.

Este monopolio ha durado varios años, hasta que los fabricantes han reaccionado buscando la fidelización a la marca original, aunque sea más cara que las otras. Muchos habrán observado en la publicidad de televisión que una gran cantidad de anuncios acaban con la misma frase: "X no fabrica para otras marcas".

Otras estrategias para la fidelización son los sorteos de sumas de dinero, un sueldo de por vida, la cancelación de una hipoteca, etc. En medio de esta lucha por la supervivencia de la marca, la potenciación del valor de la misma y la fidelización del cliente, surge una nueva palabra clave: "EMOCIONES".

En el artículo citado anteriormente podemos leer: "... las firmas crean expectativas en los individuos y generan espacios basadas en las sensaciones que son capaces de generar mediante experiencias de marca, bien a través de la comunicación, bien a través de las acciones de marketing preparadas para conectar con sus públicos. En este sentido, la publicidad emocional se constituye como una herramienta de comunicación que sirve para diferenciar a las marcas de su competencia desde la vía emocional".

Lo que se busca es propiciar sensaciones positivas en el cliente, asociadas a una marca, una música, un aroma, un color... Cada vez que el cliente quiera revivir esa sensación de bienestar, sólo tendrá que abrir una botella de... o un paquete de...

Las emociones son la gran herramienta persuasiva, más que el propio raciocinio. Incluso la información que se brinda en ciertos anuncios, por ejemplo, los de automóviles, son datos que se traducen en emociones: "150 cv" (sensación de potencia al adelantar, de dominio), "8 airbags" (sensación de seguridad ante un imprevisto), etc. En resumen, las marcas buscan la "diferenciación emocional" como valor competitivo en el mercado.

Pasando al terreno espiritual, quisiera contextualizar mi ubicación: España, Europa. Desde Europa se ha visto con cierto escepticismo el abuso emocional en las campañas evangelísticas del mundo iberoamericano, resultando en bautismos puramente emocionales y con un alto índice de abandono de la iglesia a medio plazo (sé que no es justo generalizar, pero perdóneseme esta afirmación justificada por lo que viene a continuación).

En el viejo continente se ha acudido al otro extremo, la pura razón como medio de convicción para el bautismo, doctrinalmente hablando, huyendo del emocionalismo exacerbado, y llegando a la asepsia emocinal en muchos casos, incluso asociada al individualismo del viejo continente, y quizás también en países como Estados Unidos.

Esto tampoco ha demostrado funcionar bien, ya que en la Europa secular, ni la buena argumentación apologética de los mejores teólogos a resultado en bautismos a gran escala (salvo excepciones en Europa del Este).

La gran verdad de todo, y el punto al que quiero llegar, es que Dios nos creó con ambas facultades y capacidades: El raciocinio y la emotividad. El mundo mercantil, secular e interesado se ha dado cuenta de eso, y busca un equilibro mezclado de ambos factores, el marketing emocional. He conocido casos de personas que, aún sabiendo que doctrinalmente la Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene mayor conocimiento de la Verdad que otras denominaciones, han preferido abandonar nuestras filas para unirse a otras denominaciones que, aunque erradas en sus creencias, les proporcionaban mejores emociones (aceptación, cariño, pertenencia, amor, etc.).

¿Qué hizo Jesús cuando estuvo pisando este planeta? Buscó el corazón de las personas por encima de todas las cosas. Hizo el bien sin mirar a quién. Apeló al perdón, el amor divino, a la sencillez en el mensaje sin sacrificar nada de la verdad. Jesús fue el Maestro del marketing emocional. Y si además, el producto es bueno, en su caso La Verdad más pura, el éxito está asegurado: fidelidad hasta la tumba (Santiago, Pedro, Pablo, Esteban, etc.).

En pocas palabras, ni tanto como se criticaba en algunas latitudes, ni tan calvo como en otras. ¿Qué mensaje estamos dando? ¿Cuál es nuestra "publicidad"? ¿Cuál es la promoción del mes?

"Conozca la religión del 666", "No pertenezca a una iglesia apóstata", y un largo etc. de slogans no generan buenas emociones en nuestro target. Jesús no andaba asustando: "¡No seas adúltera o te perderás!". Jesús más bien daba segundas oportunidades, emociones encontradas pero positivas: "Ni yo te condeno. Vete y no peques más".

Cuánta paciencia tiene nuestro amante Salvador con nosotros, que queremos matar moscas a cañonazos, cuando Él nos enseñó la dulzura de la miel. Nuestra experiencia debe ser la de una vida que otros quieran imitar. Nuestra vida es el mejor "comercial" o "spot publicitario". ¿Te envidian los vecinos? ¿Quieren conocer el origen de tu sonrisa permanente? ¿Qué emociones transmitimos con nuestras palabras, con nuestra vida, con nuestro testimonio? ¿Metemos miedo para que otros quieran salvarse por temor, o procuramos que otros se enamoren del Salvador para inicar una relación salvífica y eterna con Él?

¿Cuál es nuestra estrategia de marketing emocional? Sin duda que debemos utilizar la doctrina y el gran conocimiento bíblico que tenemos, pero buscando emociones positivas en los que nos oyen.

Un ejemplo. Podemos hablar del infierno. Muchos lo hacen para atemorizar y provocar que otros busquen la salvación por temor. Propongo otro uso del conocimiento que tenemos sobre este tema: El infierno no es como nos lo han enseñado tradicionalmente, no tenemos un alma inmortal que se quema eternamente. Dios no puede permitir esto, sino que hay otra realidad en la Biblia a este respecto. Dios busca la salvación de los que le honran...

Este sólo es un ejemplo de cómo un mismo tópico puede enfocarse de formas diferentes, suscitando emociones opuestas en quien nos escucha. Otro ejemplo más:
¿Con cuál de las dos imágenes nos apetece más salir a hacer trabajo misionero u outreach? La imagen de la derecha con un buen slogan puede causar emociones más positivas y animar a más personas a salir a hacer obra misionera.

Comentarios e ideas son bienvenidos.