Nuestras palabras deben agradar a Dios. Está en la Biblia, Salmo 19:14, "Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío".
Las palabras son tan poderosas que muchas veces el silencio es el mejor curso de acción. Está en la Biblia, Proverbios 13:3, "El que guarda su boca guarda su alma; mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad".